En un lugar muy lejano, los gemelos David y Andrés, junto a toda su familia,
celebraban las maravillosas notas con las que había concluido sus estudios uno
de sus primos mayores. Terminado el festejo, los mayores y los niños, se fueron
distribuyendo por los diferentes lugares de la casa.
Mientras los adultos charlaban animadamente, los niños correteaban felices
por el jardín, jugando a sus juegos favoritos. De repente, uno de los pequeños,
se paró a observar a una enorme fila de hormigas, que transportaban sobre su
diminuto cuerpecito, pequeñas cantidades de comida.
Al ver la rapidez de sus movimientos, agarró una para verla mejor y sin
mediar palabra, intento pisotearla. Afortunadamente para la hormiga, la madre de
David y Andrés, se dio cuenta de sus intenciones y le detuvo antes de que
pudiera pisarla.
Ante su cara de desconcierto le dijo:
-¿Es qué no ves que las hormigas están trabajando para reunir comida para
pasar el invierno? Deja de molestarlas, pues no van a hacerte daño, y aprender
de ellas, puesto que son uno de los animales más trabajadores y fuertes que
existen en la naturaleza.
Arrepentido por la mala acción que iba a cometer, prometió junto a los demás
niños protegerlas y proporcionarles el alimento que tanto necesitaban.

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