Había una vez, un precioso lago, en el que vivía una mama pata que incubaba
pacientemente los huevos de los que iban a nacer próximamente sus patitos. Un
día, mientras contemplaba las aguas del lago, sintió que los huevos estaban
comenzando a abrirse y se apartó para observar el nacimiento de sus
pequeños.
Casi todos los patitos abrían el cascarón con mucha pericia y comenzaban a
piar a su mama para que les diera de comer, menos el último, al que le costó
mucho más que sus hermanos ver la luz del sol y al que por su aspecto diferente,
comenzaron a insultarle y menospreciarle.
El pobre patito, cansado de que todo el mundo le dijera cosas horribles sobre
su aspecto, se marchó de su hogar para buscar algún lugar en el que los demás
animales lo aceptaran tal y como era. Así fue como nuestro pequeño amigo inició
un penoso viaje, en el que siempre se cruzaban en su camino, animales crueles
que se mentían con su oscuro plumaje y rechoncha figura.
Hasta que por fin, llegó a un lugar en el que sus habitantes no solo no lo
rechazaban, sino que lo recibían con alegría y lo animaban a unirse a su grupo.
Maravillado por su bonito aspecto, hecho una mirada a su reflejo para ver si
era tan feo como decían y descubrió que no solo no era feo, sino que era un
cisne tan precioso como el resto del lago.

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