miércoles, 23 de octubre de 2013

CANCIÓN INFANTIL

 
 
 
 

Debajo un botón, TON, TON,
que encontró Martín, TIN, TIN,
había un ratón, TON, TON,
¡ay, que chiquitín!, TIN, TIN.

¡Ay, que chiquitín!, TIN, TIN,
era aquel ratón, TON, TON,
que encontró Martín, TIN, TIN,
debajo un botón, TON, TON.

Es tan juguetón, TON, TON,
el Señor Martín, TIN, TIN,
que escondió el ratón, TON, TON,
en un calcetín, TIN, TIN.

En un calcetín, TIN, TIN,
estaba el ratón, TON, TON,
que encontró Martín, TIN, TIN,
debajo un botón, TON, TON.

LA ALFOMBRA VOLADORA

En una ciudad oriental, vivía un viejo comerciante de alfombras, el cual, tuvo que marcharse unos días de su hogar, dejando su tienda al cuidado de su ayudante Alí.
Le indicó, que podía vender todas las alfombras que quisiera, menos una muy antigua que estaba en un rincón.
Al día siguiente, un elegante hombre, entró en la tienda y le pregunto por la vieja alfombra, la cual le vendió como si fuera recién salida del telar, a pesar de las advertencias de su amo.
Cuando volvió y Alí, le contó lo sucedido, el comerciante se enfado mucho, ya que era una alfombra voladora. Como era natural, Alí le prometió recuperarla, buscando en primer lugar en la plaza del mercado, en donde pudo ver al hombre comprando una tinaja, en la cual se introdujo.




Subido en su alfombra, el hombre se marchó hasta su hogar, en el que estaba esperando su hija, cuyo regalo era la tinaja. Este hombre era un poderoso sultán, que poseía maravillosos palacios.
Al ir a mirar en la tinaja, su hija, se encontró con el joven Alí, al que identifico primeramente con un príncipe traído por su padre para casarse con ella. A pesar de que su padre le revelo la verdadera naturaleza de Alí, sus deseos de casarse con él, permanecieron intactos.
A pesar de que el sultán se negaba a aprobar la boda, el empeño de su hija, pudo más y consiguieron casarse felizmente, no sin antes, devolverle la alfombra al comerciarte, el cual se la dio como regalo de bodas.

LOS TRES CERDITOS


En un lugar muy lejano, vivían tres hermanos cerditos, a los que les encantaba la música. Un buen día, decidieron marcharse junto a sus instrumentos favoritos, a ver el mundo que les rodeaba.

Cansados de ir de un lado a otro, decidieron establecerse en un hermoso lugar, en el que comenzaron a construir 3 bonitas casas, de diferentes materiales. El más pequeño, decidió hacerla de paja, ya que era un material más barato y sobretodo, con el que era más fácil construir.

El mediano, al que tampoco le gustaba trabajar demasiado, eligió la madera para construir su casa, ya que era muy fácil encontrarla por el entorno y con ella, tampoco iba a resultarle muy complicado terminar su vivienda.

Tan pronto finalizaron sus hogares, que se pusieron a cantar y bailar, mientras se burlaban del cerdito mayor, por estar perdiendo su tiempo en hacer su casa de ladrillo.

Pero, un buen día, apareció un lobo hambriento, al que las casitas de los tres cerditos, le parecieron muy fáciles de derribar. Y estaba en lo cierto, con las dos primeras, que sucumbieron rápidamente a sus soplidos, sin embargo, la del cerdito mayor, era imposible de derribar. El lobo, desesperado por el hambre, decidió introducirse por la chimenea, con tan mala suerte de caer en un caldero de agua hirviendo, que le sirvió de escarmiento para no volver a molestar a los cerditos jamás.

EL PATITO FEO

Había una vez, un precioso lago, en el que vivía una mama pata que incubaba pacientemente los huevos de los que iban a nacer próximamente sus patitos. Un día, mientras contemplaba las aguas del lago, sintió que los huevos estaban comenzando a abrirse y se apartó para observar el nacimiento de sus pequeños.

Casi todos los patitos abrían el cascarón con mucha pericia y comenzaban a piar a su mama para que les diera de comer, menos el último, al que le costó mucho más que sus hermanos ver la luz del sol y al que por su aspecto diferente, comenzaron a insultarle y menospreciarle.


El pobre patito, cansado de que todo el mundo le dijera cosas horribles sobre su aspecto, se marchó de su hogar para buscar algún lugar en el que los demás animales lo aceptaran tal y como era. Así fue como nuestro pequeño amigo inició un penoso viaje, en el que siempre se cruzaban en su camino, animales crueles que se mentían con su oscuro plumaje y rechoncha figura.

Hasta que por fin, llegó a un lugar en el que sus habitantes no solo no lo rechazaban, sino que lo recibían con alegría y lo animaban a unirse a su grupo. Maravillado por su bonito aspecto, hecho una mirada a su reflejo para ver si era tan feo como decían y descubrió que no solo no era feo, sino que era un cisne tan precioso como el resto del lago.

LOS SIETE CABRITILLOS Y EL LOBO

 
Hace mucho tiempo, vivía una mama cabra junto a sus siete cabritillos, en una casa cerca del bosque. Un buen día la cabra, tuvo que salir a buscar alimento para sus pequeños, antes de marcharse, les advirtió que solo deberían abrir la puerta si veían su blanca pata aparecer por debajo.

Tras su partida, un feroz lobo que llevaba mucho tiempo soñando con darse un gran festín con los pequeños cabritos, se acercó a la puerta y les dijo:

-Abridme la puerta mis pequeños, pues ya conseguido la comida que iba buscando.

A lo que los cabritillos respondieron:

-Si eres nuestra mamá, enséñanos tu pata por debajo de la puerta y si es blanca como la nieve, te abriremos.

Al ver que no podía engañarlos, se marchó hasta un lugar, en el que podría solucionar su problema. Fue así como llegó hasta el panadero del pueblo, que tras ser amenazado por el lobo, le modeló una pata falsa, con la que esperaba engañar a los cabritillos y llenar su estómago.

Un engaño, que resultó efectivo y que termino con seis de los cabritillos en su enorme barriga. El séptimo, el más pequeño, corrió a contarle a su madre lo que había sucedido con sus hermanos.

Por suerte para la cabra, el lobo, estaba tan satisfecho, que se quedó durmiendo no muy lejos de allí. Esperando que sus chiquitines estuvieran vivos, abrió la panza del vil animal, sacando a sus hijos sanos y salvos. Para vengarse del lobo, relleno el hueco con grandes piedras y le cosió la barriga con gran precisión, algo que le causó un gran dolor y que hizo que al levantarse, tropezara y se cayera con todo su peso en lo más profundo del río.

LAS HORMIGAS

En un lugar muy lejano, los gemelos David y Andrés, junto a toda su familia, celebraban las maravillosas notas con las que había concluido sus estudios uno de sus primos mayores. Terminado el festejo, los mayores y los niños, se fueron distribuyendo por los diferentes lugares de la casa.

Mientras los adultos charlaban animadamente, los niños correteaban felices por el jardín, jugando a sus juegos favoritos. De repente, uno de los pequeños, se paró a observar a una enorme fila de hormigas, que transportaban sobre su diminuto cuerpecito, pequeñas cantidades de comida.


Al ver la rapidez de sus movimientos, agarró una para verla mejor y sin mediar palabra, intento pisotearla. Afortunadamente para la hormiga, la madre de David y Andrés, se dio cuenta de sus intenciones y le detuvo antes de que pudiera pisarla.

Ante su cara de desconcierto le dijo:

-¿Es qué no ves que las hormigas están trabajando para reunir comida para pasar el invierno? Deja de molestarlas, pues no van a hacerte daño, y aprender de ellas, puesto que son uno de los animales más trabajadores y fuertes que existen en la naturaleza.

Arrepentido por la mala acción que iba a cometer, prometió junto a los demás niños protegerlas y proporcionarles el alimento que tanto necesitaban.

martes, 22 de octubre de 2013

LA PRINCESA Y EL GUISANTE

            Había una vez un joven príncipe en edad casadera, que decidió iniciar un viaje para encontrar una princesa con la que casarse y dar herederos a su reino. Así fue como se embarcó en un largo viaje, que le llevó a recorrer todo el mundo conocido, en busca de esa princesa verdadera con la que contraer matrimonio. En tan extenso territorio, muchas fueron las candidatas que encontró en su camino, pero ninguna tenía lo que el príncipe estaba buscando.
 
Una oscura noche, en la que el cielo parecía estar a punto de derrumbarse y la lluvia golpeaba incesantemente los muros del palacio, alguien llamaba a la puerta de forma desesperada en busca de refugio.

Cuando los sirvientes abrieron la puerta, descubrieron que se trataba de una empapada y sucia mujer, que afirmaba ser una auténtica princesa, a pesar del lamentable aspecto que presentaba.

Para comprobar si era cierto lo que decía, la reina se dispuso a realizar una pequeña prueba, que consistía en meter un insignificante guisante, sin que su huésped lo supiera, entre capas y capas de colchones y edredones.
 

Cuando llegó el nuevo día y todos se habían levantado, la reina se interesó por cómo había pasado la noche su invitada.

 -He pasado una noche terrible señora. No sé qué tendría esa cama, pero era algo de tal dureza, que me ha dejado el cuerpo en un estado tan maltrecho, como si hubiese dormido encima de unas piedras.

Al escuchar sus palabras, se dieron cuenta de que sus palabras eran ciertas y que esa delicadeza, tan solo la poseen las princesas de verdad.

Y así fue como el príncipe encontró a la mujer para casarse y como un pequeño guisante, termino mostrándose junto a las más altas joyas de la corona.

 

lunes, 21 de octubre de 2013

Bienvenidos a mi blog, en primer lugar gracias por visitar mi página. Espero que les guste mucho y puedan encontrar en el la información que buscan. Gracias y un saludo.